— Un respeto a las canas

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Varios

 

 

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Tras la masacre noruega de Utoya, llevada a cabo por un desequilibrado fanático que acabó con la vida de decenas de jóvenes, se ha hablado mucho y, como es normal en estos casos, se han dicho muchas tonterías. Algo que ha dado mucho juego es el perfil de Facebook de Breivik, el asesino, en el cual se pudieron ver sus gustos y preferencias culturales, entre las cuales aparecen algunos títulos de videojuegos. Y como era de esperar, ya se ha liado. Hace pocos días, varias tiendas noruegas de videojuegos retiraron del mercado algunos ejemplares por su directa vinculación con el autor de la masacre, en total hasta 51 títulos. [Noticia]

 

Así pues, una vez más, con esa virtud que nos caracteriza, maxificamos el pánico cuando se nos pide precisamente todo lo contrario. Psicólogos, analistas y otros listos que se creen con la capacidad de decidir qué es bueno y qué es malo para el consumo de la sociedad, salen a la luz cuando la carroña de los cadáveres todavía no se ha enfriado. Y ahora la alarma social se cierne de nuevo sobre los videojuegos, como ya ocurrió tras el Asesino de la Catana o como, en otra materia, con los juegos de rol. Y es que señora, da igual que le apague el ordenador a su pequeño, que le oculte los juegos de guerra, el Final Fantasy o hasta el Pacman, no importa cuál sea la fuente de inspiración. Si su hijo está loco, locuras hará.

 

 

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Lo sé, lo sé… No hace falta que me lo digáis.

Este “chiste” va dedicado a la señorita Sara, por haber gestado, en parte, el mismo.

 

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Sí sí, señora… Con eso de los 10 segundos de retardo en la retransmisión de la ceremonia seguro que algo nos quedó por ver. Fijo que Jimmy Jump está en el nuevo y secreto Guantánamo. No digo más.

Como todos los años, un servidor no se pierde la ceremonia de entrega de los Oscar. Es el punto “Sávame Deluxe” que tengo, mire usted, no lo voy a negar, me encanta ver desfilar al famoseo hollywoodiense por la alfombra roja, y luego disfrutar de una gala en la que no entiendo ni la mitad de los chistes. Este año fue lineal, previsible y aburrida… y aunque Hugh Jackman lo bordó el año pasado, desde que no se encarga Billy Crystal de presentar los Oscar, ya no es lo mismo. Para la 83º Ceremonia, la Academia optó por James Franco y Anne Hathaway como presentadores. Ella muy mona, él muy friki. Lo más destacable de la gala fue precisamente descubrir a ese encantador James Franco (del que si fuera yo una quinceañera tendría un poster gigante colgado en mi habitación) twitteando sin parar, hasta sobre el escenario, para conseguir ese toque 2.0 que exigía la Academia para este año. No desfasó demasiado, pero vale la pena ver la galería de vídeos e imágenes que fue colgando durante toda la madrugada.

Aunque la gala fue un rollo se me hizo mucho más entretenida no sólo gracias a los tweets de Franco (joder, qué escalofrío me ha venido de pronto) sino a los del resto de usuarios de mi timeline, en especial @lojoquetecojo, con el que me pude reir bien a gusto.

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Qué tontería, ¿verdad?

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TRIKI + TREKKIE

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